top of page

TEA: Aprender a ver el Mundo con Otros Ojos

Updated: Apr 12


Tuve la oportunidad y la bendición de tener a mi segundo hijo después de 11 años de haber sido madre por primera vez. Assier, fue un niño deseado, buscado y amado, pero no le tocó facil desde el momento de su concepción.


Un embarazo que se dió en medio de una pandemia mundial, que trajo consigo millones de muertes y una crisis sin precedentes en los sistemas sanitarios. Lo que significaba: encierro total, mínimos controles prenatales, contagiarme con un virus del que hasta ese momento se desconocía todo y lo peor, tener que estar en una habitación aislada del resto de la familia por precaución. Y mucho miedo. 


Mi bebé se aferró con todas sus fuerzas a mí, y me ayudó a sacar fuerzas hasta en los momentos más duros, para que llegara sano y fuerte al día de nuestra cesárea, sí nuestra, porque llegamos a ese día juntos.

 Pero el reto era aún mayor, teníamos mucho que atravesar todavía.


Primer diagnóstico: hidrocefalia (acumulación excesiva de líquido en los ventrículos cerebrales). Citas médicas constantes, ecografías, resonancias, visitas al neurólogo, cirujanos, etc. Un susto tras otro durante su primer año. Pero ahí estaba él, fuerte, decidido a vivir de la mejor manera. Y así fué. Un día el cirujano nos dice: "no ordenaré la operación, no me preocupa nada, este no es el mismo niño de hace unos meses, simplemente ya su cuerpo drenó". ¿Te imaginas nuestra cara? sí, esa misma, no sabía si era un milagro, porque sí, creo en los milagros y oré muchísimo. Pero, también podía ser simplemente una regeneración espontánea. Lo cierto es que pensamos que ya no podía pasar nada más.


Hasta que, llega su primer año y lo típico: " Aún no camina tu hijo, es flojo", "No dice ni un palabra, se está tardando en hablar", "Es un problema para darle de comer, seguro no le estás enseñando en casa", "No quiere jugar con los demás niños, está muy mimado"... Y la lista sigue. Seguro tú también has recibido comentarios incómodos, de esos que te hacen sentir hasta culpable, te cuestionas si lo estás haciendo bien o si quizás tu hijo tenga algún "problema".


Y he aquí una mamá decidida a no hacer diferencias entre sus dos hijos, pero sí lista para entender las necesidades de cada uno por separado. Vivir en España, un país donde tienes que esperar que pasen los años para que los colegios deriven a tus hijos a una atención especial, si ellos lo consideran. No, no fué una limitante para esta mamita empeñada en buscar respuestas. Desde que comenzaron las "comparaciones" papá y yo buscamos ayuda y la conseguimos. 


Assier, con tan solo un año y medio de vida empezó a asistir al TRIS - TRAS Centro de desarrollo infantil y atención precoz. Y qué ironía el nombre del centro, donde tantas veces nos decían que lo atendían por nuestra insistencia, pero que era "imposible" detectar nada a tan corta edad. Luego de 3 años, muchas actividades, terapias, evaluaciones, avances y retrocesos, llegó el diagnóstico: TEA (Trastorno del Espectro Autista) Asperger.


¿Pero qué era esto? ¿Qué debíamos hacer? ¿Cómo íbamos a solucionarlo?. Tantas preguntas, tanta desinformación.


Ser mamá nunca es como lo imaginamos. y cuando tienes un hijo con TEA, la maternidad se convierte en un viaje distinto, profundo y lleno de aprendizajes inesperados. Pero si mi bebé y yo habíamos pasado por tanto, esto no nos iba a detener.


Con el tiempo, empiezas a darte cuenta de algo muy importante: tu hijo no necesita cambiar para encajar en el mundo, el mundo necesita aprender a entenderlo a él. y tú mamita tienes que ser su apoyo, su soporte, su traductora y su mayor cheerleader. Sí, porque cada pequeño logro se celebra como una gran victoria. Una palabra nueva, una mirada sostenida, una caricia inesperada. Cosas que otros dan por hecho, para nosotros se convierte en momentos mágicos que guardamos en el alma.


También hay días difíciles. Días de rabietas, de no querer comer nada, de frustración, de sentirte sola o incomprendida. Porque no todo el mundo entiende lo que implica criar a un niño con TEA. y comienzan nuevas frases: "Ah pero es autista, no lo parece", "Él habla perfecto y es super cariñoso, ahora a todo le llaman autismo", "En mis tiempos eso se arreglaba con mano dura"... Y eso pesa. Pero incluso en esos días, hay algo que no falla: el amor inmenso que sentimos por ellos.


Ser mamá de un niño con autismo te enseña a tener paciencia, a mirar más allá de lo evidente, a comunicarte de formas nuevas y a valorar lo esencial. Y si con tu primer hijo fuiste una mujer fuerte, ahora lo eres mucho más. Te enseña que no hay una única forma de vivir, de sentir o amar.


Una mamita en esta situación, sabe que el mundo puede ser ruidoso, confuso y a veces injusto para alguien que siente todo de manera tan intensa. Y entonces se convierte en un refugio, en calma, en un lugar seguro. En orgullo silencioso y profundo, porque sabe todo lo que su hijo ha superado, cada batalla invisible que ha librado, cada paso que ha dado a su propio ritmo.


Ama sin condiciones, sin etiquetas, sin miedo.



Para esta mamita, su hijo no es un diagnóstico. Es su mundo entero.




2 Comments


Es super difícil asimilarlo, pero una vez que escribes tu propia historia como cuidadora y apoyo de tu hijo, la satisfacción es enorme.. Un abrazo

Like

lita52006
Apr 13

Eres maravillosa. La mejor mamá . Tu siempre ahí. ❤️💙💙❤️👏👏

Like
Join our mailing list. Never miss an update

Thanks for submitting!

  • White Facebook Icon
  • White Instagram Icon
  • Youtube
  • patreon2-icon_edited_edited

© 2026 espressomamitis.com

bottom of page