CUANDO EL MIEDO ENTRA EN EL COLEGIO
- Vanessa Alfonso

- May 18
- 2 min read

Hay noticias que te cambian el pulso, que no sabes muy bien cómo colocarte dentro de ti. Noticias que no deberían existir.
Este mes en el colegio de mi hijo Assier, de cinco años, se han presentado dos denuncias por presuntos abusos sexuales a menores. Y de repente, ese lugar al que llevas a tu hijo cada mañana... se llena de interrogantes y dudas.
¿Cómo una madre afronta algo así?
No hay una única forma. No hay un manual. Pero sí algo que aparece de inmediato: el instinto.
Ese que te dice "observa", "escucha", "quédate cerca".
Lo primero que sientes es miedo. Un miedo frío, incómodo. Miedo a no haber visto algo. Miedo a que tu hijo no sepa expresarse, aunque Assier lo dice todo sin filtros. Pero aún así, sientes miedo a confiar y equivocarte.
Y junto a ese miedo, aparece también la necesidad de actuar con cabeza. De escuchar que tiene que decir el colegio, las autoridades, todo.
Porque en medio del ruido, nuestros hijos siguen siendo pequeños. Siguen necesitando seguridad, no pánico. Cercanía, no interrogatorios constantes.
Afrontar una situación así es un equilibrio difícil:
Es estar presente sin invadir.
Es observar sin obsesionarse.
Es preguntar, pero sin sugerir respuestas.
Es, sobre todo, abrir un espacio donde ellos puedan hablar sin miedo.
En casa, más que nunca, es importante reforzar mensajes sencillos pero poderosos: que su cuerpo es suyo, que nadie puede tocarles si no quieren, que pueden contarlo todo, siempre, sin consecuencias.
Y también es momento de confiar en la red adulta: exigir información al centro, mantenerse informada, más no escuchar las versiones de calle. Actuar si algo no encaja. No mirar hacia otro lado.
Pero hay algo del que se habla poco: cómo sostenernos nosotras.
Porque por dentro, una mamita en esta situación se siente ansiosa, nerviosa. Se llena de dudas, de rabia, de impotencia, Y aún así, tiene que seguir siendo un refugio.
Nuestros hijos necesitan saber que el mundo es un lugar seguro... aunque nosotras sepamos que no siempre lo es.
Y ahí está el mayor reto: proteger sin transmitir terror.
Cuidar sin perder la calma.
y algo que debemos recordar, aunque nos cueste. No nos corresponde a las madres, en este caso, investigar, ni señalar, ni convertirnos en vigilantes constantes.
Cuando aparecen denuncias así de graves, quienes tienen la obligación de actuar son las autoridades y el propio centro. Y deben hacerlo con rigor, con rapidez y con transparencia.
Porque hablamos de niños, no hay margen para errores ni silencios.
Mientras tanto, tú mamita, que estás alerta. Confiar no siempre es fácil. Pero permitir que las investigaciones sigan su curso es, también, una forma de proteger.





Comments